domingo, 24 de abril de 2016

LUNA KABUKI


Gateando en puntas de luna trepo por las sombras de la noche,
ato mis brazos con sogas invisibles y ahí, colgando como una marioneta sin titiritero
me balanceo en la incansable tarea de espiarte.
Mis dos caras forman parte de un cortejo fantasmal.
Una, se muestra maquillada con arroz para el kabuki de la farsa,
las pestañas pintadas en kumadori mojado en los sueños truncos.
La boca sin besos se desdibuja en muecas congeladas,
esa pintura blanca me ayuda a tapar cicatrices, arrugas y dudas.
Ahora, mi cara de luz prestada se apaga con la llegada del sol.
La otra, la verdadera, asume errores y palabras pronunciadas a destiempo.
Vuelvo a ser yo, la que insiste en repetir equívocos, la que no aprende,
la que no puede dejar de torturarse y sigue dudando la certeza de tu amor.
Cuento las horas que faltan para renovar el maquillaje kabuki.
para zambullirme en el mar de tus ojos color promesa.
El negro kumadori me ayuda a pintar un graffiti con palabras de arrepentimiento,
ojalá pueda alcanzarme la infinita dimensión del cielo.



ALICIACORA FERNÁNDEZ

CASCABELES DE ESTRELLAS




La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
y nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Walt Whitman


El colectivo me deja justo en la esquina, no me arrima a la vereda.
Una oscura zanja me salpica y siento mis pies mojados.
Me seco como puedo, y comienzo a caminar.
La tarde está en agonía y la noche curiosea con su nariz de luna
haciendo sonar sólo para mí cascabeles de estrellas.
Pasa gente a mi lado, no me mira ni la miro, sólo sé que pasa.
Mi cabeza ya caviló lo necesario y reprogramó mi futuro.
Dejé atrás horas de insomnio, dudas,
soledades pintando las mesas de todos los bares posibles.
Renuncio al reloj porque ya no me interesa su exactitud.
Me siento cerca de la ventana en el último bar que conocimos
y la luna sigue jugando en la vereda con ese árbol añoso que se resiste a morir.
Estás llegando a mí, y tu sonrisa hace que el día se adueñe de la vida.
Sobre la mesa, dos copas de vino esperan nuestro brindis,
y los cascabeles de estrellas acunan mis nuevos sueños..
Ahora, al alcance de tus manos, estoy yo,
esperando tu milagro, siempre esperando.


ALICIA CORA FERNÁNDEZ

AQUÍ ESTOY, DE PIÉ...

Hace tres años largos que callé mis letras, no por falta de ganas. sino por una razón muy simple, elaboré mi duelo como supe y como pude. 
Hoy, mi corazón sigue herido de muerte, pero sabe que tengo que seguir por lo más maravilloso que conseguí en mi vida, MIS HIJAS y MIS NIETAS. 
A ellas, mi eterna devoción y amor.
A mis hijos políticos, que a esta altura de la vida se transformaron en hijos, también les doy mi corazón.
A mis hermanos y toda su hermosa familia, por hacerme saber que están contra viento y marea, mi amor incondicional.
A mis amigos, consecuentes, amorosos, compinches, infaltables salvavidas en mi naufragio, mi cariño de siempre y para siempre.
Quiero seguir escribiendo, porque eso me mantiene viva.
Les pido que si me leen, piensen que en mis poemas estoy yo, y quiéranlos como pienso que me quieren a mí.
Gracias por leerme.
ALICIA

  

sábado, 26 de enero de 2013

NOSOTROS

Guijarro de nácar que sobrevive a la marea y a su abrazo impiadoso. Lágrima no llorada que se pierde en el fondo de la conciencia. Dolor escapando por la cornisa de los sueños vestido de ángel azul Heridas sin cohibir que ya no duelen tanto. Artesanos con dedos de pianista, que se tocan y saben todo del otro Dunas estirando sus sábanas de arena. Barco anclado en puerto seguro. Todo eso somos vos y yo, eternizándonos en este amor.

LLAMADAS

Las conté una a una, temerosa de equivocarme era cierto, no mentía el registro de llamadas. El tiempo midió al tiempo y el reloj no se detuvo. Después de mi mensaje de bienvenida, se escuchaba tu voz. Preguntabas por mí y pronunciabas mi nombre, en todos los tonos posibles de la voz humana. Creo que una o dos veces tu reclamo sonó a caricia, pero sé que fue simplemente un espejismo auditivo. En otras, el reclamo imperativo tapaba tus ganas de verme. Rebobiné la cinta del contestador mucho, tanto, que perdí la cuenta. Buscaba a las otras, las suaves, las que no guardaban misterios para mí en las que simplemente me decías, ¿estás ahí mi amor? me encantaba tu solicitud y tu amor a distancia. Me enamoraba ese dejo de sonrisa que podía adivinar cuando llamabas. Supe de tu necesidad por verme o simplemente escucharme. Pude olvidarme de las demandantes y de las me dibujaban lágrimas. Hoy la que te llama insistentemente soy yo, estoy en la cama y con el celular en la mano esperando tu voz, en vigilia, agazapada como una gata en celo. Quiero que por una vez, y sólo una seas vos el que busque entre las llamadas, vos el que rebobine la cinta del contestador y vos el que goce o no, escuchando mis reclamos.

domingo, 12 de agosto de 2012

PANAMÁ CON PIEL DE PANTERA

Yo chateo, vos chateas, los dos chateamos, aprendemos a conjugar todas las noches el impredecible verbo amar en idioma internauta. Suprimimos la vergüenza, ya que no podemos vernos y superamos la timidez porque impunemente el teclado nos da coraje. Por un rato el pasado se va de viaje y el presente es una borrachera de sueños. Nos tiramos al vacío sin paracaídas aun sabiendo que a veces el improvisar trae la equivocación, Cada letra escrita entre dos destinatarios invisibles, teje en la pantalla las quimeras y utopías del misterio. Después de casi un año, una noche explota en el monitor tu propuesta…”¿qué tal si nos vemos?”… Pido permiso a mi conciencia y te respondo con un sí entre paréntesis miedosos. …”El domingo nos vemos entonces”… mi cabeza asiente mientras el corazón me clausura la boca. Es domingo y estoy reciclando el viejo vestido informal, que no por demodé es menos insinuante. Las sandalias de taco alto aumentan mi autoestima y me embeleso tirándome besos frente al espejo que rescata algo de aquella que fui Salgo a tu encuentro con una consigna, una rosa roja en mi escote y vos ese sombrero Panamá que decís te queda muy bien. El colectivo de todas las mañanas, se desliza en la calle sin tránsito, llevando mi expectativa y mis ganas de saber. Un Tortoni casi vacío a las tres de la tarde, suda en sus espejos el Carnaval de un verano infernal e impiadoso. La mesa del rincón me permite otear todo el salón, pido un café y le doy mil vueltas al llavero de casa que modera la inquietud de mis manos. Sobre Av, de Mayo la puerta se abre silenciosamente y deja pasar tu oscuridad, pero el sombrero Panamá ladeado te delata. Frenás tu búsqueda a mi lado y tu sonrisa blanca se acomoda en mí, levantás la mano tocando su ala y sin permiso te acomodás en mi mesa como un gato junto a la estufa. En este momento pongo en práctica lo que declamaba sin haberlo confirmado nunca, soy indudablemente antirracista. Veo una pantera de piel lustrosa, dientes de piano y ojos color miel que gateando buscan mi sonrisa de bienvenida. El reflejo en los míos es decididamente negro y los colores de tu ropa hablan de costumbres no usuales en mi país. Nuestro beso de cortesía me llena de curiosidad, algo que ya había descartado de mi vida. ¿Qué pedimos? No importa, ahora estamos mirándonos sin pestañear, hasta que nos duelen las pupilas. La pesadez del día se va transmitiendo a los pies cansinos del mozo que acerca en su bandeja dos tacitas de café. Empezamos a hablar y sin darnos cuenta, consumimos horas y cafés y abrimos paisajes, saboreando por igual el mar y el cielo. Tu piel, con la llegada de la noche se funde con ella, te miro y no le temo a la oscuridad. Sin darme cuenta me estoy delatando, me muero por besarte y mi deseo va a tener su premio. Te inclinás sobre la mesa, tu sombrero descansa sobre la silla que sobra y con tus manos sobre mi cara abrís ante mí un mundo nuevo, lleno de espectativas. Tu beso sabe a Mar Caribe, a playas infinitas llenas de sal, arena y sol. Seguimos hablando casi dos horas más, llega el momento de irnos y la promesa de una nueva cita abre rutas no exploradas y somos dos sedientos viajeros en el centro de un desierto que va más allá de sus arenas. Ahora, lejos de la amalgama de tu cuerpo y tu sombra, bendigo Internet, que le dio el aire que le faltaba a mi vida y la escasa esperanza que por fin puedo tocar, porque te pienso y soy nuevamente aquella niña rubia como el oro que soñó alguna vez en ser feliz y hoy sabe que la felicidad acaba de llegar de la mano de una pantera, negra como aquel rey Baltazar de su infancia, al que le pedía simplemente la muñeca de sus sueños. ALICIA CORA FERNÁNDEZ.

martes, 24 de abril de 2012

Amigo que me lees desde hace mucho tiempo, hoy vuelvo a escribirte porque estoy muy feliz. El 20 de abril de 2012 (hace pocos días) fue la premiación del 9º Concurso de Poesia 2011
del ROTARY CLUB. Mi participación en el mismo recibió el 1º Premio con mi poema "SIN SENTIDOS" y el 2º Premio con el poema "DE CAMAS". Te podés imaginar que mi alegría es infinita. Te comento todo esto porque sé de tu apoyo y consideración hacia mis letras. Te dejo un beso enorme y será hasta mi próxima publicación.

viernes, 20 de enero de 2012

ABRAZO ATEMPORAL


Allá, en la provincia de Misiones, la tala indiscriminada de árboles me conminó a escribir este poema. El abrazo suicida de las orquídeas aferradas a sus troncos no podré olvidarlo nunca, la autora.




Quiero salvarte,
no me abraces,
no me beses,
libráte de mi,
y dejáme salvarte.

Estoy llorando y niego mi llanto en verde y sepia.
Si no te salvo, nuestro abrazo muerto antes de tiempo,
va a amontonarse en camiones que no saben de amor.
En una danza mortal sin complejo de culpa,
se mezclan colores grises con pinceles de hachas.
y los certeros tajos apurarán mi caída.
Quiero gritar, decirle a ellos que la tierra también llora.
que están pasando a degüello a los pájaros.
No me escuchan,
se esconden en refugios antinucleares
que sirven para potenciar la sordera que eligieron.
No arrojan bombas,
mezclan sierras mecánicas con filos templados en fraguas nativas.
Coleccionan el sudor de espaldas morenas por sol y por raza.
No les interesan las lágrimas que bañan arrugas ancestrales.
Después de muchos días de rapiña, prepararán su botín.
Cargarán mi sangre talada sin tu amoroso abrazo
y a mis pájaros locos aferrados todavía a sus nidos derribados.
En la planchada del camión acopiarán actos de amor
y los cientos de abrazos entre orquídeas y árboles muertos
reposarán para siempre.

Quiero salvarte,
no me abraces,
no me beses,
libráte de mi,
seguí tu destino de orquídea
y orna la frente de una muchacha vestida de novia.
Tal vez, más tarde,
coloquen su foto de casamiento
sobre una pequeña mesa hecha con mi cuerpo de timbó.
En ese momento vas a poder abrazarme,
no habrá despedida y en un nudo de mi madera
va a dibujarse el beso que ahora no puedo darte.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

miércoles, 19 de octubre de 2011


No dejes que me vaya,
porque al alejarme pierdo el camino del retorno.

No permitas que mi piel se marchite en este frío agosto,
vos podes hacer que florezca en primavera.

No siembres angustias en mi tierra abierta por tu arado,
regála con lágrimas de amor.

No abandones el luchar por mí.,
porque sabiéndote escudero, no le temo al enemigo.

No ocultes tus manos, bajo los guantes del olvido,
emborrachálas con caricias.

No finjas una indiferencia que está lejos de serlo,
al escucharme ya seremos dos en mis secretos.

No olvides las primaveras que cumplí a tu lado,
ahora quiero saber que cumplir inviernos es posible.

No me mires en el espejo de la verdad.,
porque mi reflejo va a contarte los años pasados.

No hables a mis espaldas,
porque no puedo oírte y ya hace tiempo que oigo lo que quiero

Ya ves que sencillo es este modo de pedirte un transcurrir sereno.

Ahora, si aún puede la duda, ser más que la certeza.
podés meter en tu valija todos los recuerdos.

No te pido nada más.

Por única vez desnudé mi alma y ¿sabés?, el sol ya la abrigó.

Voy a sentarme frente a la ventana,
a mirar pasar la vida, no a la que pudo ser y no fue.
Es una nueva, que está esperando cambiar tu adiós en bienvenida.

ALICIA CORA FERNANDEZ

sábado, 10 de septiembre de 2011

VÒRTICE


El rumor de la calle es un intruso en el cuarto.
Un viento cálido y húmedo se acurruca en las blancas cortinas.
y forma con ellas enormes velas
que impiden la vuelta campana de nuestro velero.
La luz de un atardecer demorado por nosotros,
poco a poco se apaga
y la noche avanza vendiendo sombras.
Esta felicidad es tan única y maravillosa
como ese libro incunable que nunca podremos poseer.
Los silencios inventaron paisajes sacudiendo modorras,
y hay guiños cómplices en el espejo empañado después de la tormenta.
La cama simula descansar,
y el velero anclado balancea monótonamente sus caderas.
Nadamos en el café que nos invade prepotente,
Esta calma chicha no dura más que minutos.
Un rayo de luna te acaricia por mí.
y el sosiego cae en desgracia
Vuelve a soplar el viento.
desplegamos las velas virando el rumbo
en poco tiempo el vórtice del Triangulo de las Bermudas
tragará nuevamente nuestra locura..

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

sábado, 27 de agosto de 2011

AZOGUE


Se conocieron en la tienda de regalos,
cuando el calor de enero sudaba en los cristales.
Al mirarse cara a cara sonrieron a dúo.
Ella lo buscaba hace mucho
y cuando vio su traje marrón tabaco y la camisa brillosa,
supo que tenía que llevarlo a su casa.
El insomnio compartido se hizo hábito entre los dos.
Lo convirtió poco a poco en su confidente y asesor de vestuario.
Él trató de no engañarla nunca
y sus consejos fueron reglas de oro.

Aquel día, los ojos de ella estaban raros,
arrojaban chispas incendiarias en el cuarto creciente.
Le confió casi en un susurro que había conocido a alguien muy especial,
que creía estar enamorada y que la vida empezaba a sonreírle.
Excusas pensó él,
ya no la tengo atrapada en mí
su mirada se posó en otra que no es la que yo reflejo.
Lágrimas de mercurio se cuajaron en su luna.
El amor que se atrevía a mirarlo cara a cara ya no estaba.
Destino de espejo el suyo, de reflejo solamente,
ella puso el clavo y lo esclavizó a sus ojos.
Y ahora él, colgando de su soga de ahorcado sigue extrañándola.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

jueves, 4 de agosto de 2011

LA URRACA



Como una urraca vieja y avariciosa, acopiaba cosas, retenía recuerdos
y a veces olvidaba que los minutos preciosos de la vida son efímeros y no coleccionables.
La mudanza la encontró sentada en el centro de un mundo hecho con retazos.
Se fabricó un par de brazos extra y presentó batalla a los recuerdos.
Bolsas, cajas, sobres, todo un maremoto infernal que la invadía de prepo.
No tenía mucho tiempo, ya que el nuevo dueño llegaría pronto.
En su poder, la vida y la muerte, de aquellos que le sonreían desde una foto.
En una valija, encontró el vestido de casamiento de la abuela,
con su tela ardida y amarilla pintada por un almanaque impiadoso.
¿Y si lo guardo?, pensó… sus nietas la valorarían como antigüedad.
La risa sonó a campanazo en la casa vacía y se sintió ridícula.
Fue a la basura, no sin antes haberle dado un fuerte beso que se llevó, quién sabe adónde.
Viajó en foto a un verano del 56, caminando sobre una playa desierta
y saboreando en la boca aquel beso robado en un bosquecito cercano..
El placard con sus tazas, platos y cubiertos sin uso real, abrió puertas suplicando,
que lo liberara de su carga, y para regocijo del cartonero del barrio, fueron también basura reciclable..
Pasó al ropero con espejo en luna llena y acomodó la cara entre los pliegues de una blusa,
el perfume inconfundible de mamá trepó por su nariz y le emborrachó de ternura el corazón.
Mató emociones y aquietó el correr de la sangre, supo esconder para siempre las quimeras.
Una bolsa de plástico negro como las de la morguera tragó la ropa embalada casi sin mirar.
En la iglesia cercana el sacerdote, le dio las gracias por esa ayuda para los necesitados
No le dio recibo, tampoco se lo pidió y así dejó partir a ese bagaje de olvidos forzados.
Cerró archivos, acomodó las telarañas de sus ojos y regaló sueños imposibles.
Los recuerdos a veces caminan en silencio por su cuerpo,
se le meten en el alma y le dicen que aquel día disfrazó su cobardía
con una capa de valentía que nunca sintió y pudo sepultarlos a pesar de sus gritos llamándola.
Ahora, el nuevo dueño, abre ventanas con cristales de sol, le ayuda estrenar sonrisas
y trata de darle nueva vida al alma desolada que se esconde vestida con lutos.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

sábado, 18 de diciembre de 2010

SIN CABEZA



(En Diciembre de 2010, este poema obtuvo la Mención Especial en el 8º Concurso de Poesía, Cuento y Narrativa del ROTARY CLUB (República Argentina)



En la luz de París, hacemos noche
y en esa luz hacemos el amor..
El descanso llega y una lluvia persistente
abre paraguas rotos en todos los semáforos.
Salimos,
y vos, pintor de mis paisajes y escultor de manos sabias.
tomás mi cintura por asalto.
Con pies de papel, esquivamos charcos en veredas,
y saltamos canteros regados con algo parecido al agua bendita.
El Louvre está desierto,
los turistas desaparecieron.
Estamos solos.
Una escalera al cielo espera nuestros pasos,
y en el rellano final
me descubro en la Victoria de Samotracia.
Eternamente anclada a tu navío y con enormes alas desplegadas en un vuelo postergado para siempre.
Mi cabeza se perdió en un marasmo de luchas imposibles.
Este cuerpo ya no la quiere, porque se acostumbró a no padecer sus locuras.
Es mediodía, no llueve,
la luz de París secó canteros y veredas.
Volvemos al amor.
En la cartera, una fotografía mía clonada en una postal de la estatua
nos espía desde un tronco sin cabeza.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 14 de noviembre de 2010

DESPUÉS, MÁS TARDE…


No te acongojes más por lo que has hecho;
Fango y espina tienen fuente y rosa.
William Shakespeare


Quieta y dormitando sobre un ovillo de sueños,

descansa después del último viaje.

Permitió que los sentimientos la tapiaran,

saltó charcos de plomo, cruzó rieles de fuego,

avanzó sobre filos de navajas,

respetó opiniones y sepultó certezas.

Como en comunión, creyó hasta caer en el aljibe de la mentira.

Olvidó caminos hechos para inaugurar picadas en la selva.

De lábaro libertario se transformó en bandera blanca vencida.

No hagas ruido, no la despiertes,

tal vez ese sopor la redima.

Después, más tarde,

acercáte despacio y poné tu mano en su lomo de gato virtual.

Hacé que tu sombra se acomode a la suya,

moldeá con caricias de luz sus tinieblas.

Enseñále a ser feliz,

contále de tu mundo e invitála a entrar en él.

Suspendé para siempre su fuga

ponéle tacos altos y una capelina de estrellas.

Alfombrá tu casa con plumas de gaviota.

Encendé un sahumerio de sándalo

y usá su boca de pebetero.

Me callo, está despertando.

y quiero dejarte a vos la tarea de abrirle los ojos a mi alma.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

sábado, 26 de junio de 2010

CORAZONES DE HUMO


Tengo las manos cargadas de sueños,
esos imposibles, que poco a poco voy cargando en la mochila.
Hoy decido partir porque el coraje abandonó mi corazón.
y nada ni nadie me retiene.
Veo cerca de mí un montón de hojas en blanco con los invisibles dibujos
de esas risas que no nos atrevimos a reír.
Escucho el silencioso sonido de los besos que no dimos,
y el aire cargado con todos los suspiros abortados, está atenazando mi garganta
La oficina queda a oscuras, apago la última dicroica,
y es mi encendedor la luz del escape.
Ayer,
él, era el recurso que en la calma,
prendía mi cigarrillo después del amor
y una lluvia de humo en corazones blancos
se arrojaba sobre nosotros,
convirtiendo la simple ceremonia de fumar en un rito mágico.
Ahora,
yo puedo recordar tu voz diciendo Hasta Mañana,
y vos sentirás hasta el último día de tu vida
mis dedos dibujando un Te Amo en tu espalda cansada.

lunes, 19 de abril de 2010

VIAJO A EUROPA


Los dejo por unos días, no me extrañen mucho o si, extráñenme como yo a ustedes.
Me voy a Europa con mi esposo y cuando vuelva les prometo que voy a traer fotos y me inspiraré para escribir poesías con los oídos, los ojos y la voz puestas en la cuna de la civilización. Hasta pronto y besos, besos, besos.

domingo, 11 de abril de 2010

FELICIDAD EN UNA NOCHE DE ABRIL


Todo hacía suponer que lo maravilloso vendría después, mucho después.
Los patrones de conducta mutilaban las ansias.
La libertad era sólo un reflejo a la distancia y se obtenía con una libreta roja en la mano.
No, a la libertad de poder elegir con quién, cuándo y dónde conocer el amor.
No, por el no mismo; sin explicaciones.
Algunas, como yo, acataban sin dudar, sin pelear, sin discutir, sin cuestionar.
Las otras, las llamadas ovejas negras o descocadas
se rebelaban y la felicidad les cantaba melodiosamente al oído.
Las que obedecíamos a ciegas, nos enamorábamos,
con los deseos y las ansias murmurando y rumiando en el corazón y en el cuerpo.
Firmábamos un compromiso de sangre y de papel.
y le entregábamos a él todas las primicias como premio a la espera.
Dudosa espera la suya, él no esperaba, era hombre,
y sus acciones eran las lógicas del macho guía de majada de mujeres ovejas.
Miro a lo lejos y me veo en la iglesia,
con mi vestido indudablemente blanco como un vellón, esperando al amor.
Ahora a cuarenta y seis años de ese día,
no quiero ni me interesa justificar la espera,
pero de algo estoy segura,
sigo enamorada como esa noche de Abril, en la que deje de ser oveja para convertirme en mujer.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 14 de febrero de 2010

"ELLA"


28 de julio de l956…

Tarde de lluvia, casi anocheciendo; la casa está en silencio y YO estoy en silencio.
La brisa otoñal se va transformando en un viento frío y molesto, que parece gozar golpeando las pocas flores que aún sobreviven mezcladas entre el césped.
Cada árbol sugiere con su sombra que son parte de un ejército fantasma con los brazos alzados hacia el cielo como incitándome a la lucha que ya perdí.
El invierno está muy cerca, faltan pocos días para que con su llegada me cuente del frío que trae consigo, sin saber que mi clima interior lo supera ampliamente.
Los pájaros que cantan desde el amanecer han vuelto a sus nidos.
Estoy sentada en la mecedora que también se acomoda al paisaje y suavemente me va hundiendo en un sopor casi placentero.
El abrigo de una manta sobre mis piernas me da el perfecto calor que necesito.
Antes de sentarme en el porche, corrí las cortinas del living, encendí la vieja lámpara de bronce y ordené las releídas revistas en la mesita ratona.
Ahora y en esta hora, todo el parque es mío, soy la dueña absoluta de mi vida, de mis actos y de mi soledad.
Pronto llegarán las ranas, croando sin cesar y saltando a mi alrededor, pero no las voy a escuchar.
El silencio es total, tampoco escucho tu voz, no me embeleso con tus canciones en inglés, no aturde mis oídos ese chiflido con los dos dedos dentro de tu boca con el que me llamabas cuando estaba lejos.
Desde ayer y para siempre mis recuerdos están vacíos de vos.
Sonidos queridos los tuyos, quizás esten escondidos en el pequeño monte de pinos que se ve a lo lejos.
La radio, mi compañera inseparable calló su voz a pesar de que la tarde anterior a tu partida le cambiaste las pìlas.
Pienso que tal vez tenga fuerzas para escribir lo que me pasa y después alguien pueda leer mis líneas.
Armo con la mesita del desayuno un improvisado escritorio.
Hojas en blanco, sobre y lapicera y en un rinconcito, justo ahí, tapada por un pañuelo está ELLA.
Tu adiós fue cortante, inesperado y doloroso.
Excusas todas, verdades ninguna.
Que estabas confundido – Que necesitabas tiempo para pensar – Que no querías hacerme daño – etc. etc. etc.
Las verdades las sé YO: Otro amor – Otra dicha – Otras expectativas.
Tus planes conmigo no existieron, existen ni existirán.
Tus planes con la otra: todos los posibles y todos los imposibles.
El último rayo de sol se cuela por debajo del pañuelo y ELLA me hace un guiño cómplice.
Voy a guardar en el sobre todas estas palabras para que en el futuro muestren solamente la huella de mis lágrimas.
No quisiera manchar de rojo el blanco papel en el que escribo. Ahora, te tocará a vos imaginar lo que sigue después de cerrar el sobre.
Ah, me olvidaba ---Te amé, te amo y te amaré --- Tuya siempre, YO.
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Nota: El día 29 de julio de 1956 se publica en el Diario local la noticia del suicidio de la dueña de la Estancia “Los Trigales”, acaecido en horas del día anterior.
El cuerpo fue hallado por el capataz de dicha Estancia.
La occisa tenía aferrado a su mano izquierda un sobre dirigido a su esposo y en la mano derecha
empuñaba una brillante pistola con el nombre ELLA grabado en una de sus cachas.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

martes, 19 de enero de 2010

HAITÍ



Se huele y el aire me devuelve olor a muerte.
Se siente, y mi alma grita de dolor por no saber dónde queda la misericordia.
Se palpa, y mis manos llenas de polvo y sangre, están queriendo atrapar la redención.
Se ve, el paisaje es negro, como una noche eterna llena de fantasmas.
Se oye, y la letanía de un ruego multiplicado por cientos se transforma en réquiem.
Se huye, y no es cobardía, es simplemente un loco desvarío hacia la nada.
Se pide, y a pesar del hábito de hacerlo, esta vez un sonido gutural atraviesa mi garganta seca.
¿Cómo se vuelve a la felicidad?
¿En qué recodo de la vida el gozo por vivirla está escondido?
¿Será cierto este desconsuelo y este imposible reencuentro con mis raíces intactas?
y
¿Dónde encuentro a Dios para decirle que necesito su mano, para calmar tanto dolor?
Estoy desposeído, vacío y hueco en un paisaje ajeno a mí.
No sé si el próximo NN seré yo.
Estoy muy cansado, tengo sed y hambre.
Hace ya muchos días que no duermo.
Ahí, cerca de lo que fue mi casa, está la silla de mi abuela.
Tal vez y a pesar de sus patas rotas, me de descanso.
O se transforme dentro de mi pesadilla en la silla eléctrica que me redima.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 10 de enero de 2010

AL...



Ni ayer ni mañana,
hoy, es el momento perfecto para recordarte.
Por vos, mi primer poema a los trece años fue cierto.
El corazón inventaba latidos nuevos,
todas las noches se adornaban con un sol de fuego
y los días prendían en los árboles lunas plateadas.
Lo verdadero parecía mentira y lo falso era verdad.
Un viaje a la laguna de Punta Lara ayudó al abrazo y al beso.
Las bicicletas de la tardes transportaban en su grupa,
sueños adolescentes con causa y sin lógica.
A veces no me veías y a veces yo era tu reina.
Fuiste el despertar y ahora entrás en el cono de sombras del olvido
Hace mucho tiempo ocupamos un bote sobre el agua quieta,
desde hace una semana sé de tu muerte
y tu recuerdo se hunde irremediablemente como el Titanic,
el glaciar te recibe
y yo sigo a flote dibujando tu nombre sobre el hielo.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ