sábado, 26 de junio de 2010

CORAZONES DE HUMO


Tengo las manos cargadas de sueños,
esos imposibles, que poco a poco voy cargando en la mochila.
Hoy decido partir porque el coraje abandonó mi corazón.
y nada ni nadie me retiene.
Veo cerca de mí un montón de hojas en blanco con los invisibles dibujos
de esas risas que no nos atrevimos a reír.
Escucho el silencioso sonido de los besos que no dimos,
y el aire cargado con todos los suspiros abortados, está atenazando mi garganta
La oficina queda a oscuras, apago la última dicroica,
y es mi encendedor la luz del escape.
Ayer,
él, era el recurso que en la calma,
prendía mi cigarrillo después del amor
y una lluvia de humo en corazones blancos
se arrojaba sobre nosotros,
convirtiendo la simple ceremonia de fumar en un rito mágico.
Ahora,
yo puedo recordar tu voz diciendo Hasta Mañana,
y vos sentirás hasta el último día de tu vida
mis dedos dibujando un Te Amo en tu espalda cansada.

lunes, 19 de abril de 2010

VIAJO A EUROPA


Los dejo por unos días, no me extrañen mucho o si, extráñenme como yo a ustedes.
Me voy a Europa con mi esposo y cuando vuelva les prometo que voy a traer fotos y me inspiraré para escribir poesías con los oídos, los ojos y la voz puestas en la cuna de la civilización. Hasta pronto y besos, besos, besos.

domingo, 11 de abril de 2010

FELICIDAD EN UNA NOCHE DE ABRIL


Todo hacía suponer que lo maravilloso vendría después, mucho después.
Los patrones de conducta mutilaban las ansias.
La libertad era sólo un reflejo a la distancia y se obtenía con una libreta roja en la mano.
No, a la libertad de poder elegir con quién, cuándo y dónde conocer el amor.
No, por el no mismo; sin explicaciones.
Algunas, como yo, acataban sin dudar, sin pelear, sin discutir, sin cuestionar.
Las otras, las llamadas ovejas negras o descocadas
se rebelaban y la felicidad les cantaba melodiosamente al oído.
Las que obedecíamos a ciegas, nos enamorábamos,
con los deseos y las ansias murmurando y rumiando en el corazón y en el cuerpo.
Firmábamos un compromiso de sangre y de papel.
y le entregábamos a él todas las primicias como premio a la espera.
Dudosa espera la suya, él no esperaba, era hombre,
y sus acciones eran las lógicas del macho guía de majada de mujeres ovejas.
Miro a lo lejos y me veo en la iglesia,
con mi vestido indudablemente blanco como un vellón, esperando al amor.
Ahora a cuarenta y seis años de ese día,
no quiero ni me interesa justificar la espera,
pero de algo estoy segura,
sigo enamorada como esa noche de Abril, en la que deje de ser oveja para convertirme en mujer.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 14 de febrero de 2010

"ELLA"


28 de julio de l956…

Tarde de lluvia, casi anocheciendo; la casa está en silencio y YO estoy en silencio.
La brisa otoñal se va transformando en un viento frío y molesto, que parece gozar golpeando las pocas flores que aún sobreviven mezcladas entre el césped.
Cada árbol sugiere con su sombra que son parte de un ejército fantasma con los brazos alzados hacia el cielo como incitándome a la lucha que ya perdí.
El invierno está muy cerca, faltan pocos días para que con su llegada me cuente del frío que trae consigo, sin saber que mi clima interior lo supera ampliamente.
Los pájaros que cantan desde el amanecer han vuelto a sus nidos.
Estoy sentada en la mecedora que también se acomoda al paisaje y suavemente me va hundiendo en un sopor casi placentero.
El abrigo de una manta sobre mis piernas me da el perfecto calor que necesito.
Antes de sentarme en el porche, corrí las cortinas del living, encendí la vieja lámpara de bronce y ordené las releídas revistas en la mesita ratona.
Ahora y en esta hora, todo el parque es mío, soy la dueña absoluta de mi vida, de mis actos y de mi soledad.
Pronto llegarán las ranas, croando sin cesar y saltando a mi alrededor, pero no las voy a escuchar.
El silencio es total, tampoco escucho tu voz, no me embeleso con tus canciones en inglés, no aturde mis oídos ese chiflido con los dos dedos dentro de tu boca con el que me llamabas cuando estaba lejos.
Desde ayer y para siempre mis recuerdos están vacíos de vos.
Sonidos queridos los tuyos, quizás esten escondidos en el pequeño monte de pinos que se ve a lo lejos.
La radio, mi compañera inseparable calló su voz a pesar de que la tarde anterior a tu partida le cambiaste las pìlas.
Pienso que tal vez tenga fuerzas para escribir lo que me pasa y después alguien pueda leer mis líneas.
Armo con la mesita del desayuno un improvisado escritorio.
Hojas en blanco, sobre y lapicera y en un rinconcito, justo ahí, tapada por un pañuelo está ELLA.
Tu adiós fue cortante, inesperado y doloroso.
Excusas todas, verdades ninguna.
Que estabas confundido – Que necesitabas tiempo para pensar – Que no querías hacerme daño – etc. etc. etc.
Las verdades las sé YO: Otro amor – Otra dicha – Otras expectativas.
Tus planes conmigo no existieron, existen ni existirán.
Tus planes con la otra: todos los posibles y todos los imposibles.
El último rayo de sol se cuela por debajo del pañuelo y ELLA me hace un guiño cómplice.
Voy a guardar en el sobre todas estas palabras para que en el futuro muestren solamente la huella de mis lágrimas.
No quisiera manchar de rojo el blanco papel en el que escribo. Ahora, te tocará a vos imaginar lo que sigue después de cerrar el sobre.
Ah, me olvidaba ---Te amé, te amo y te amaré --- Tuya siempre, YO.
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Nota: El día 29 de julio de 1956 se publica en el Diario local la noticia del suicidio de la dueña de la Estancia “Los Trigales”, acaecido en horas del día anterior.
El cuerpo fue hallado por el capataz de dicha Estancia.
La occisa tenía aferrado a su mano izquierda un sobre dirigido a su esposo y en la mano derecha
empuñaba una brillante pistola con el nombre ELLA grabado en una de sus cachas.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

martes, 19 de enero de 2010

HAITÍ



Se huele y el aire me devuelve olor a muerte.
Se siente, y mi alma grita de dolor por no saber dónde queda la misericordia.
Se palpa, y mis manos llenas de polvo y sangre, están queriendo atrapar la redención.
Se ve, el paisaje es negro, como una noche eterna llena de fantasmas.
Se oye, y la letanía de un ruego multiplicado por cientos se transforma en réquiem.
Se huye, y no es cobardía, es simplemente un loco desvarío hacia la nada.
Se pide, y a pesar del hábito de hacerlo, esta vez un sonido gutural atraviesa mi garganta seca.
¿Cómo se vuelve a la felicidad?
¿En qué recodo de la vida el gozo por vivirla está escondido?
¿Será cierto este desconsuelo y este imposible reencuentro con mis raíces intactas?
y
¿Dónde encuentro a Dios para decirle que necesito su mano, para calmar tanto dolor?
Estoy desposeído, vacío y hueco en un paisaje ajeno a mí.
No sé si el próximo NN seré yo.
Estoy muy cansado, tengo sed y hambre.
Hace ya muchos días que no duermo.
Ahí, cerca de lo que fue mi casa, está la silla de mi abuela.
Tal vez y a pesar de sus patas rotas, me de descanso.
O se transforme dentro de mi pesadilla en la silla eléctrica que me redima.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 10 de enero de 2010

AL...



Ni ayer ni mañana,
hoy, es el momento perfecto para recordarte.
Por vos, mi primer poema a los trece años fue cierto.
El corazón inventaba latidos nuevos,
todas las noches se adornaban con un sol de fuego
y los días prendían en los árboles lunas plateadas.
Lo verdadero parecía mentira y lo falso era verdad.
Un viaje a la laguna de Punta Lara ayudó al abrazo y al beso.
Las bicicletas de la tardes transportaban en su grupa,
sueños adolescentes con causa y sin lógica.
A veces no me veías y a veces yo era tu reina.
Fuiste el despertar y ahora entrás en el cono de sombras del olvido
Hace mucho tiempo ocupamos un bote sobre el agua quieta,
desde hace una semana sé de tu muerte
y tu recuerdo se hunde irremediablemente como el Titanic,
el glaciar te recibe
y yo sigo a flote dibujando tu nombre sobre el hielo.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

viernes, 18 de diciembre de 2009

CONJURO


El aroma del sol,
se afirma que no existe.
La sequedad del agua del río,
es imposible de probar.
Una carcajada estridente de la letra hache,
muda de nacimiento, es difícil imaginarla.
Y el paso silencioso del tren,
sin el martilleo de sus ruedas de acero sobre los rieles
suena a fábula.

Conjuro, alianza incondicional de mis amados cómplices voluntarios

El sol, descarga toda la luz sobre los durazneros
que bordean la calle hasta nuestra casa,
y se apodera de su perfume en sazón.
El agua del río al secarse forma tu corona con trocitos de mica.
Esa muda letra hache está gritando que Hoy volvés a mí.
El tren local, decidió cerrar la boca, olvidar las pitadas de aviso,
y recubrió con algodón sus aceradas ruedas,
ahora ya no se escuchan los frenos quejosos.

Parado en el andén, te espero.

Llevo en las manos el aroma del sol en un puñado de duraznos y azahares.
Entreverada en mi pelo de poeta, está tu corona de mica.
Grito HOY y la hache suena a trompeta de gloria.
Ahora es el tren el que llega con el andar descalzo,
te trae, te arroja en mis brazos
toma una bocanada de aire fresco,
y se va de la estación en silencio,
en las ventanillas los vidrios espejan nuestra imagen besándonos,
te veo coronada con agua seca de río.
La hache seguirá hablándonos de este Hoy y de Hogar
El tren no duda en cerrar sus puertas para siempre,
emprende el viaje, nos está dejando solos,
y todo huele a sol en la calle a casa.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

sábado, 24 de octubre de 2009

COMPARACIONES




Era cosa de aprender a conocerlo,
me encantaron su estilo y su elegancia.
No me resultó ni fácil ni difícil vivir con él,
me dejaba hacer y lograba hacerme sentir su dueña.
En los días de sol, se convertía en algo, digamos intrascendente,
se replegaba en sí mismo y escondía su timidez.
Los silencios podían durar varios días, me acostumbré a verlo cerca de mí,
y respeté ese duelo imaginario que lo convertía
en una sombra oscura como el averno.
Le encantaban los días de lluvia, cambiaba de carácter
y abría los brazos estirando las mangas de su ropa abrazándome cariñosamente.
Aprendí que a la gente a veces le molestaba que se aferrara a mi mano.
Algunos se apartaban de nosotros indudablemente de pura envidia.
Me acompañaba a la oficina y lucía majestuoso, envarado como un cosaco ruso.
Más tarde, al llegar a casa me hacía una reverencia final, esperando que lo secara amorosamente.
Esto de las comparaciones realmente me entusiasma.
¿Alguno de ustedes sospechó que no hablaba de un amante
sino de un simple paraguas?

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 20 de septiembre de 2009

LÍNEAS PERDIDAS


Por un acuerdo tácito, por costumbre, por necesidad de compañía o tal vez por las ganas de evadirnos unas horas de los problemas de nuestras vidas nos
reunimos, hace ya diez años, una vez por mes, el mismo día y en el mismo
lugar (Confitería Moustache frente a la plaza del pueblo) mis tres amigas de la
adolescencia y yo, a tomar el “five o’clock tea”.

Entre tanto chimento, comentario de actualidad y el infaltable intercambio de
recetas de cocina Light por supuesto, saltó como disparada con un arco esa
flecha teñida de deseo y misterio: ¿Me haría una cirugía estética?.

Todas nosotras, vale la pena aclararlo, frisamos los sesenta años.

Las opiniones iban desde una oposición total hasta el desenfreno de ansiar
crear un nuevo mandamiento “Ama al quirófano como a ti misma”

Analizados los pro y los contra, cada una explicó de qué manera corregiría los
estragos habidos con el tiempo en su cuerpo.

Graciela, la más audaz del grupo, confesaba sin reparos que de tener mucho
dinero no dejaría rincón alguno de su persona sin retocar, de hecho ya tenía
planeado un Lifting para remozar su cara.

Terció la opinión de Haydeé, ella convivía desde su juventud con la obsesiva
idea de agrandar sus “lolas” y a pesar de los informes a diario sobre los

problemas que ello le podría ocasionar no abandonaba sus propósitos.

María, indudablemente la más pensante de las cuatro, dijo muy segura de sí
misma que de ninguna manera alteraría su fisonomía y que estaba muy de
acuerdo con lo que Dios le había deparado.

Aquí, en este preciso instante del relato, entre a jugar yo, que desde jovencita
me gustaba estar en la cresta de la ola y divina a los ojos de todo el mundo.

Hace ya bastante tiempo que el espejo me devolvía una imagen extraña a la
que fuera otrora.

Les expliqué mi punto de vista, que quería borrar todas las líneas de mi cara,
y tuve oídos receptores para mis cuitas.

Nos despedimos con la promesa de una nueva reunión al mes siguiente, me fuí
de la Confitería caminando despacio hacia mi casa y cada vidriera del camino
se ensañaba en mostrarme una cara distinta a la mía.


Al llegar y contrariamente a lo habitual no encendí la luz del Hall, fuí directamente al baño y ahí sí, los spots del vanitory me gritaron la realidad.surcos leves (algunos no tanto) recorrían mi cara haciendo en mí un camino angustiante

Al llegar y contrariamente a lo habitual no encendí la luz del Hall, fuí directamente al baño y ahí sí, los spots del vanitory me gritaron la realidad.surcos leves (algunos no tanto) recorrían mi cara haciendo en mí un camino angustiante

Apagué todas las luces, me tendí en la cama y lloré hasta el amanecer.

Al día siguiente busqué desesperadamente la tarjeta del Cirujano Plástico
que me había dado Graciela.

Con el mágico pasaporte a la felicidad en mis manos, no dudé en concertar una
cita haciendo del teléfono mi silencioso cómplice.

Luego de una visita “exploratoria”, el galeno en cuestión me detalló paso a
paso lo que iba a ser la operación para mi reinserción en el mundo “joven”.

Llegó el momento y me encaminé dispuesta y animada al quirófano.

Atrás quedaban las opiniones en contra de mi esposo y mis hijos, renglón
aparte era lo que decían mis nietos, ya que para ellos la Abu siempre iba a ser
joven y linda.

Salí airosa de la operación y en algunos días comencé a ver los resultados: la
piel de mi rostro estaba nuevamente tersa y estirada como una cuerda de
violín.

El espejo me devolvía la imagen de una mujer a la que el paso del tiempo no la
había afectado demasiado.

Cuando volví a encontrarme con mis amigas, los halagos endulzaron mis
oídos, noté sin embargo que María me miraba anhelante y con sus grandes
ojos me decía lo que no se atrevía a decir con su boca, era una pregunta que
después pude entender: ¿Sos feliz?.

Nos despedimos , y ya en mi casa, tampoco encendí la luz del hall, en el baño
los spots me lastimaron porque me devolvían la imagen de una mujer ajena a
mí, rasgos extraños, una piel lisa; en fin era una máscara pobre y penosa de la
que fuí.

Tengo claro que no puedo reclamarle absolutamente nada al médico, yo
quería rejuvenecer y él lo había logrado.

Pero………..siempre hay un pero.: ¿a quién le reclamo hoy por mis arrugas?

¿a quién le cuento que cada una de ellas era una cicatriz gloriosa de mis
sesenta años?.

¿a quién le digo que las extraño?.

¿a quién le pido la arruga del llanto por mi primer amor, o aquella del día que
me casé ,
o tal vez las que estaban mezcladas en dolor y alegría después del
parto de mis hijos, o las dibujadas por el sol al estar tirada en la playa con mis
nietos, o las que me llegaron ante la muerte de un ser amado?.

¿a quién le confieso que me equivoqué y que quiero que me las devuelvan?.

Porque saben, ellas eran mías, me las había ganado, para bien o para mal,
eran tan mías como lo son mi risa y mi llanto, como cada acto de mi vida
acertado o fallido.

¿a quién le cuento que ya no me importa ahorrar en maquillaje para taparlas
para ir a alguna reunión?

¿a quién le digo que al borrarlas de mi cara me dejaron indefensa porque ellas
eran toda mi sabiduría y experiencia?.

¿a quién recurro para que todos sepan que al no tenerlas, soy alguien sin
identidad, alguien que parece no haber vivido?.

Y por fin ¿dónde encuentro un viejo espejo para poder mirarme en él y reír
llorando al reconocerme.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

viernes, 18 de septiembre de 2009

ALAMBIQUE


Las conté una a una,
y enhebré con ellas un nuevo rosario,
sabiendo que lo rezaría muchas veces.
Cristalinas y tibias,
alcanzaban mi boca y le daban algo de calor.
Al mirarme en el espejo,
vi los surcos dibujados en su caída,
formando el mapa de tu huída.
Se fueron secando dejando en las heridas
toda la sal de un inmenso y desolado mar.
Traté de huir y luché como el condenado a muerte
que no se resigna a su suerte.
Vanos intentos y locos deseos,
querer parar el tiempo
y descubrir que el reloj perdió sus manos
cuando trató de abrazarte con ellas.
Querer subir la escalera hacia vos
sin poder pisar los escalones ardiendo en rojas brasas de acero.
Apretar los puños,
empalidecidos en el esfuerzo por aferrarte
y transformados en alambiques que filtran tu cuerpo,
ese cuerpo amado que estoy perdiendo.
Piedras del camino que sorteo mientras rezo el rosario de mis lágrimas.
No te espero, no me esperes,
vos ya viraste el rumbo lejos de mi ruta,
yo trato de moldearle nuevas manos al inválido reloj,
calzo zapatos de amianto para subir esa escalera ígnea
que ahora me guía hacia otro amor.
Abro mis puños cerrados y por los dedos alambicados
se desliza una garúa perfumada de jazmines blancos.


ALICIA CORA FERNANDEZ