domingo, 8 de marzo de 2009

AQUELARRE EN LOS ESPEJOS


El atardecer con su cuota imprecisa de noche y día
estaciona en una galería de espejos que invita al aquelarre.
Mi figura se multiplica en las lunas azogadas,
y se acurruca en el fondo de pupilas con pestañas de sueño.
Este camino espejado me devuelve amores,
esos que se fueron y dejaron graffitis de ternura tatuados en el alma.
Aun duele la nostalgia de patios vestidos de otoño
y de aquel susurro de una radio disfónica en 2 x 4
Estoy negándoles partir, los encierro egoístamente y se quedan sin quejas.
Ahora veo a alguien parecida a mí cubierta por un blanco vestido de novia.
Una luna más allá me regodeo con amados embarazos
que justifican esa imagen con tres talles más.
Llego al último espejo y antes de tener la noche en el alma y en los ojos
revuelvo el caldero borracho de incienso
tratando de hallar algo que me diga que todavía estoy.
La piedad es conmigo
y estoy,
no igual, ni siquiera similar a la que fui.
La nueva luna le regala alas a mi espalda,
pinta un halo de luz a mi alrededor,
y me ayuda a reconocerme.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

martes, 20 de enero de 2009

BÚSQUEDA




Ahí, en el lugar donde se amontonan las almas sin reclamo.
estoy buscando la mía,
Pobre alma, descartada por tu amor.
Y ahora necesaria para la resurrección.

Me acarician las que amaron sin respuesta.
Las perdidas en caminos oscuros están encendidas para guiarme.
Otras, las que fueron desoídas, gritan mi nombre.
Y las viajeras al infinito, toman mi mano poniéndome en la ruta.

Camino, vago sin rumbo fijo y pregunto por ella.
Mis pies galopan, mis brazos aletean.
Vorágine de amor, en busca del alma ausente.

Sola y en total desamparo, al verme, finge una sonrisa.
La tomo suavemente con mis dedos y le hablo al oído.

Ya no quiero hacer promesas,
sólo abro una vez más las puertas de mi corazón, para recibirla.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

LAS NUBES EN CUATRO ESQUINAS




Sin proponerlo, casi automáticamente, cada vez que alzo la vista hacia el cielo, busco en cada nube la singular forma que le dé respuestas a todas mis preguntas.
Ante cada interrogante, surge un imprevisto cómplice, el viento, que estira, acorta o eleva esa masa de pequeñas gotitas de agua,haciendo realidad mis sueños.
Esta inveterada costumbre, se remonta a los días de la infancia, cuando en las tardes de otoño, mis ojos escrutaban el pedazo de cielo que se asomaba entre las cuatro esquinas de mi barrio.
Los juegos pasaban a un segundo plano, el ahora y el ya, eran el cielo y sus nubes.
Así descubrí que no sólo en las antiguas calesitas, girando acompasadamente gracias al pobre y manso caballo con los ojos vendados, se podían encontrar barcos, autos, cisnes, aviones o ponys.
Allí, en el azul infinito del cielo, podía ver el mar, surcado por hermosos veleros impulsados por el viento; me veía sobre un gallardo cisne o cabalgando entre blancos algodones en un caballito casi negro.
La juventud trajo el amor, y ¿qué enamorado no miró el cielo alguna vez, buscando la inspiración para escribir un poema?
Yo, no buscaba rimas, deseaba encontrar algo que me orientara hasta el ser amado.
No siempre pude lograrlo y no pocas veces creí ver aquello o a aquél y fue simplemente una fugaz visión muy lejana a la realidad.
Ahora, el tiempo me traslada en busca del mismo pedazo de cielo entre cuatro esquinas, el barrio me recibe como entonces, con sus
casa chatas, sus veredas soleadas, los vecinos de entonces anclados en viejas sillas de mimbre, y el cielo, ese, el de la infancia
me espera, celeste y blanco de nubes que bailotean viejas melodías de calesita.
Lo miro, lo escruto, y descubro nuevamente los veleros, los autitos y los cisnes esperando jugar otra vez conmigo.
Eso, está intacto, porque ahí, en la distancia sigue siendo puro, no ocurre lo mismo con el nombre o la cara del amor perdido, ellos ya
no están, el viento, mi otrora cómplice con una infinita piedad, se encargó de borrarlos para siempre.
Ahora estoy aquí, en el justo centro de las cuatro esquinas, alzo mis ojos al cielo e intento quizás por última vez, encontrar en él, el
dibujo de mis próximos días y veo que el galope del caballito se detiene y me invita a cabalgar de nuevo sobre nubes de algodón,
para encontrar la ruta perdida del amor.
Voy a seguir por siempre mirando el cielo y no cejaré en mi empeño, posiblemente en algún momento pueda ver otra vez el nombre o la cara de alguien que como yo, esté tratando de encontrar en otro barrio, en otras cuatro esquinas, en otro cielo y en otras nubes, mi nombre y mi cara.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

martes, 4 de noviembre de 2008

MITADES


La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir.
Gabriel García Márquez

Única habitante en la galería de los espejos de su alma.
Sobreviviente de la invasión de telarañas,
que ocuparon las imágenes perdidas.
Arquitecta de paredes mohosas, cubiertas de hiedras
que están trepando por su cuerpo.
Dueña de las huellas esclavas y de todos los besos borrados.
Es el ser mitad mujer y mitad pared, esperando la luz.
En sus ojos lágrima-espejo,
nadan abrazados el ayer y el hoy.
Ahí, en el fondo de ellos, flotan vestidas como verdes medusas
las palabras que traen el perdón.
En su mitad pared,
las columnas de sus brazos
las acercan, las aferran y por fin las suben a su boca.
Todo está preparado,
y al encenderse la luz del Génesis,
los espejos reflejan la verdad,
las telarañas quiebran sus hilos y caen,
y las hiedras se marchitan en sepia.
Su mitad mujer vuelve a creer en el amor,
mientras,
su mitad pared vuelve a construir nuevas defensas

por si acaso…

ALICIA CORA FERNÁNDEZ


miércoles, 15 de octubre de 2008

LA CRUZ DE TIZA



La puerta está marcada con tiza
dibujando la señal de la infamia.
El aldabón de bronce
se cierra en una mano que castiga.
Mi sueño quiere entrar.
No le importan el frío o el viento.
Como en el cine de la infancia,
quiere entrar y logra colarse
por un nudo abierto en la vieja madera.
Tirada en un rincón color ceniza está la almohada consejera
y a su lado el eterno libro de Neruda marcando el poema 20.
En el cenicero el fósforo apagado de la pasión vuelve a titilar.
Y el broche sujetando en la soga de la ropa
el pañuelo de seda secándose después del adiós,
lo saluda con un aleteo de paloma.
Este sueño, insiste en volar,
mece en su revoloteo horas perdidas,
minutos y segundos olvidados en cajones vacíos.
Ahora, en la pirueta final,
levanta suavemente mi alma,
la coloca sobre un pétalo del pensamiento azul
que sobrevive en el jardín convertido en baldío
y la lleva suspendida hasta el espejo.
La acomoda, la peina, la maquilla,
completa su labor y logra que le devuelva una sonrisa.
Alma feliz la mía, me acerco al cuarto en penumbras
y te veo como antes, esperándome.
Antes de entrar en él y en vos, corro como una loca,
abro la puerta y borro con lágrimas de perdón
la cruz de la infamia marcada con tiza.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

jueves, 25 de septiembre de 2008

UN HIMNO PARA BAJAR DE LA CRUZ


Aquí, en el hueco del olvido que me protege de la ignominia,
puedo consolar a mi ego maltrecho.
Quisiera sentir algo del amor que extraño.
Amanezco con las puntas de los dedos heridas
por agujas bordadoras en una noche sin rumbo
y pienso en qué recodo dejaron mi dignidad.
Hoy pretendo visitarme.
El atajo de la vergüenza seguramente me llevará con prisa
y el castigo de algunos sobre mis espaldas cansadas no se hará esperar.
El camino largo, sin duda va a demorar mi destino,
pero sé que al final, me está esperando la verdad.
Mis deseos incumplidos lloran en silencio.
El volver a ser amada,
implica poner a buen resguardo
a los que no se apiadaron ni se apiadan de mí.
Es arrancarme la corona de espinas y bajar de la cruz.
Vos, que me habitás, ayudame.
Dame tu mano, caminemos,
y hagamos que los pasos de la redención
marquen en voz baja los compases del himno nacional
que me honra como República.


ALICIA CORA FERNÁNDEZ

sábado, 6 de septiembre de 2008

LA LUZ DE MI SOMBRA


Estoy parada en esta elegida soledad,
con los vientos en calma el aire se respira más puro.
Tu recuerdo ya no acelera los latidos de mi corazón.
Aquellos aguaceros de mis lágrimas cumplieron su labor
secando los brotes de los rosales.
Creo haber dejado atrás todas las tempestades.
Soporté estoicamente tu lanza de guerra,
y ahora sé que es inútil sostener en mi mano la pipa de la paz,
no la fumamos juntos, y eso ya no me angustia.
En el lugar donde miro al sol y se me achinan los ojos cegados
hay una silueta que asomada dice presente.
Trato de ver y pongo mis manos en visera
Allí está, es la luz de mi sombra
que en un atisbo de coraje se funde a mi cuerpo
y me devuelve las ganas de ser otra vez yo.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 3 de agosto de 2008

HANSEL y GRETEL II


…¡Si tendré yo la suerte de ir alguna vez por tan deslumbrante sendero!…Los Hermanos Grimm


Con las manos tomadas
se transmiten sudor y confianza.
Diez años rubios enfundados en la camiseta de Boca.
Ocho con largo pelo negro y pollerita de volados.
En la noche miedosa,
las estrellas se apagan y se esconden
tras una luna llena ciega de luz.
Todas las brujas de los cuentos
andan sueltas en escobas.
La cortina metálica del almacén de la esquina
cae barullera y les grita ¡Hasta mañana!
el maullido de un gato vagabundo los asusta.
El papel del envase recién comprado
de harina Triple 000 está roto
y sobre las veredas queda dibujado un surco blanco.
La torta de manzana de mamá se pierde en el miedo
y ahora el sendero de Hansel y Gretel
queda dibujado al revés.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

miércoles, 16 de julio de 2008

MAGIA EN LA VEREDA


Vuelvo a mi barrio y después de tantos años todo cambió,
Las últimas glicinas se agostaron en sepia.
Las casas bajas cayeron en silencio, llevándose mi infancia en sus escombros y las que sobreviven al progreso, están como detenidas en el tiempo.
Inicio la Búsqueda del Tesoro de mi niñez y la calle me grita el lugar exacto.
Piso una vereda, no importa cuál, y la baldosa floja junto al jacarandá me recibe con una sonrisa de costado.
Un Sol de VAN GOGH forma sólo para mí arabescos de luz.
La Rayuela de CORTAZAR se dibuja solita y me invita a llegar al Cielo.
La Bicicleta Blanca de PIAZZOLA pasa a mi lado con El Pibe de CHAPLIN en su asiento.
Empieza a llover, pero no cae agua, sino una lluvia de figuritas redondas de cartón y chapa que me bañan con risas olvidadas.
Mágicamente la niña-ayer está otra vez conmigo y no quiero soltarla.
Está en el tiempo de aprender que todo podía ser posible y de ignorar un futuro en penumbras.
Me resisto a pensar, mi cerebro ya dijo basta, lo bloqueo a propósito porque ya sufrí demasiado.
No más pensar en injusticias, en pecados innombrables, en abusos de unos sobre otros o en intolerancias del más fuerte.
Quiero mi sol, mi rayuela, mi bicicleta y mis figuritas.
Quiero ser YO con mayúsculas, alguien que pueda caminar porque si, sin rumbo fijo, sin documentos y sin la pena de saber que a lo mejor en la esquina me está esperando ese futuro al que le esquivo.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ