sábado, 6 de septiembre de 2008

LA LUZ DE MI SOMBRA


Estoy parada en esta elegida soledad,
con los vientos en calma el aire se respira más puro.
Tu recuerdo ya no acelera los latidos de mi corazón.
Aquellos aguaceros de mis lágrimas cumplieron su labor
secando los brotes de los rosales.
Creo haber dejado atrás todas las tempestades.
Soporté estoicamente tu lanza de guerra,
y ahora sé que es inútil sostener en mi mano la pipa de la paz,
no la fumamos juntos, y eso ya no me angustia.
En el lugar donde miro al sol y se me achinan los ojos cegados
hay una silueta que asomada dice presente.
Trato de ver y pongo mis manos en visera
Allí está, es la luz de mi sombra
que en un atisbo de coraje se funde a mi cuerpo
y me devuelve las ganas de ser otra vez yo.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 3 de agosto de 2008

HANSEL y GRETEL II


…¡Si tendré yo la suerte de ir alguna vez por tan deslumbrante sendero!…Los Hermanos Grimm


Con las manos tomadas
se transmiten sudor y confianza.
Diez años rubios enfundados en la camiseta de Boca.
Ocho con largo pelo negro y pollerita de volados.
En la noche miedosa,
las estrellas se apagan y se esconden
tras una luna llena ciega de luz.
Todas las brujas de los cuentos
andan sueltas en escobas.
La cortina metálica del almacén de la esquina
cae barullera y les grita ¡Hasta mañana!
el maullido de un gato vagabundo los asusta.
El papel del envase recién comprado
de harina Triple 000 está roto
y sobre las veredas queda dibujado un surco blanco.
La torta de manzana de mamá se pierde en el miedo
y ahora el sendero de Hansel y Gretel
queda dibujado al revés.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

miércoles, 16 de julio de 2008

MAGIA EN LA VEREDA


Vuelvo a mi barrio y después de tantos años todo cambió,
Las últimas glicinas se agostaron en sepia.
Las casas bajas cayeron en silencio, llevándose mi infancia en sus escombros y las que sobreviven al progreso, están como detenidas en el tiempo.
Inicio la Búsqueda del Tesoro de mi niñez y la calle me grita el lugar exacto.
Piso una vereda, no importa cuál, y la baldosa floja junto al jacarandá me recibe con una sonrisa de costado.
Un Sol de VAN GOGH forma sólo para mí arabescos de luz.
La Rayuela de CORTAZAR se dibuja solita y me invita a llegar al Cielo.
La Bicicleta Blanca de PIAZZOLA pasa a mi lado con El Pibe de CHAPLIN en su asiento.
Empieza a llover, pero no cae agua, sino una lluvia de figuritas redondas de cartón y chapa que me bañan con risas olvidadas.
Mágicamente la niña-ayer está otra vez conmigo y no quiero soltarla.
Está en el tiempo de aprender que todo podía ser posible y de ignorar un futuro en penumbras.
Me resisto a pensar, mi cerebro ya dijo basta, lo bloqueo a propósito porque ya sufrí demasiado.
No más pensar en injusticias, en pecados innombrables, en abusos de unos sobre otros o en intolerancias del más fuerte.
Quiero mi sol, mi rayuela, mi bicicleta y mis figuritas.
Quiero ser YO con mayúsculas, alguien que pueda caminar porque si, sin rumbo fijo, sin documentos y sin la pena de saber que a lo mejor en la esquina me está esperando ese futuro al que le esquivo.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

martes, 17 de junio de 2008

GÁRGOLA


La Gárgola de piedra bosteza aburrida posada justo en el arbotante mayor de la Catedral de Notre Dame.
La despertó la ronca campana llamando a misa.
Este día se presenta igual a todos y a veces se le hace eterno el paso del tiempo.
No hay nada nuevo ahí abajo.
La misma gente, apurada por llegar a ninguna parte.
Autos atorados desde siempre en el semáforo de la esquina.
La plaza cercana está borracha de verdes que aturden, con el eterno mendigo durmiendo en uno de sus bancos, tapado de rocío y con un sombrero viejo hecho de hojarasca.
Poco a poco las niñeras de almidonados uniformes, comienzan con su paseo de cochecitos, haciendo oídos sordos a los reclamos de los pequeños pasajeros, tal vez porque piensan en la noche pasada junto a un amante y el corazón reclama la memoria, alejándolas de las urgencias infantiles.
El paso apurado del estudiante pisa sin querer las flores del cantero, se quedó dormido y llega tarde a su clase.
Todo como siempre. Tedioso y aburrido como siempre.
Pero no, algo cambió de ayer a hoy.
Ahí, en uno de los bancos, una pareja de enamorados está peleando.
La Gárgola se inquieta, estira su largo cuello y entrecierra los oblicuos ojos.
Quiere escuchar, después de muchos intentos por acomodarse a la situación sin perder el equilibrio, lo logra.
La discusión es simplemente por un tema de celos.
Reclamos y reproches, preciosos minutos perdidos -piensa la Gárgola- ¿para qué?.
No entiende a los humanos, para ella el amor es algo no registrado en su interior.
Por su condición pétrea, no hay sangre corriendo por el cuerpo; de tener sentimientos serían fríos y su corazón es un puñado de cemento ennegrecido por el paso de los siglos.
A punto de cerrar sus otrora flamígeros ojos para hacer la siesta diaria, mira otra vez hacia el banco de la pelea.
Ahora todo cambió, los “antagonistas” se están besando,
En ese micro mundo no quieren ver a nadie. Están solos y ni siquiera saben de la curiosidad de la Gárgola.
La figura de granito gris, gigantesca y temible, siente en su interior algo similar al calor que pasó el día del incendio del ala oeste de la catedral, pero hay una diferencia.
Ese día sintió el calor ardiente y pesado, pero hoy de sus ojos oblicuos cae algo parecido a la lluvia, tal vez sea eso que los hombres llaman lágrimas.
La emoción de la Gárgola nos dice que no todo está perdido, mientras exista una pareja peleando por celos para poder reconciliarse con besos.
No todo está perdido, porque descubrimos que hoy el AMOR es lo único que puede hacer llorar a la piedra.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

lunes, 9 de junio de 2008

BASURA


Noche cerrada, busco tu camino con las manos extendidas
evito esas puertas que ya no me conocen
adivino balcones con las persianas bajas.
La luna en cuarto menguante también me retacea su luz,
y la brasa roja del cigarrillo
no me alcanza, ni me ayuda a iluminar
el andar vacilante de estos pies cansados.
Tengo frío y la bufanda que tapa mi boca
recibe un aliento borracho de ginebra,
que cuenta el tiempo ganado en el boliche de Don Justo.
Un farol al doblar la esquina, le da la bienvenida a mi sombra.
Ya somos dos los que erramos sin descanso.
Quiere escapar pero me aferro a ella, le doy un beso
y la acomodo sobre mis hombros.
Un gato vagabundo, de pelaje que alguna vez pudo ser gris,
frota en mis pantalones sus bigotes expertos en tachos de residuos,
lo alzo despacio, le hablo al oído y cierra los ojos asintiendo.
Desde ahora soy su discípulo, él va a enseñarme a hurgar en la basura
quizás ahí te encuentre y comprenda por fin
que tu amor no es reciclable.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

lunes, 26 de mayo de 2008

POEMA EN AZUL NEGRO


Azul negro, lágrima de destierro.
Blanco insolente.
Azul negro con cuerpo cansado.
Blanco arrogante que castiga su espalda.
Nombre ampuloso, escriben: Conquista.
Ambición en loca carrera.
ÁFRICA llora con todos sus verdes,
y el dolor trepa por lianas infinitas.
Un ruido de grilletes,
apaga el Ton-Ton de la magia natal.
Las criaturas de la selva escapan por instinto.
Sólo las hienas acompañan la cacería.
Ahora, en todo el continente negro llueve.
Suave llanto que moja el desconsuelo
por los hijos ausentes, ajenos a la libertad.
Esos, los azul negro que con sus manos cansadas
están dibujando con la blanca espuma del mar,
su futuro de esclavos.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

miércoles, 14 de mayo de 2008

CAJA DE PANDORA


Bailan en mi hoguera encendida.
son las chispas que acercan algo de luz
y un retaceado calor al oscuro callejón de esta agonía.
Van envolviendo poco a poco el alma escarchada
y crean un mundo irreal en el que me sumerjo.
Se apagan, se enfrían, su destino es efímero,
pero dejan pequeñas heridas, que allí,
al final de la noche son la sumatoria de todo el dolor.
Pensar que pueden elevarse al infinito,
es tratar de convertirlas en algo más cierto
que los segundos que separan la vida de la muerte.
Mi calendario vital está lacrado,
ya no pueden ni la luz ni el calor abrir cerrojos oxidados.
Soy la mujer que amó un imposible.
esa que supo atesorar exiguos momentos
y ensayó tibias sonrisas
marcando su felicidad en un negativo fotográfico.
Él llegaba con una historia inédita,
con caminos recorridos sin la compañía de mis pasos.
Callé las voces sabias de mi edad,
hice con el cuerpo, una caja de Pandora,
de donde cada día él podía sacar algo distinto e impredecible.
Supe de la magia de besos robados
y saboreé los que recibí como ofrenda.
Fui el arco sin flecha, el arpón sin soga y el corazón sin latidos.
Una pianola repitiendo sin cesar los te quiero en Mi sostenido.
No dudé en ser arcilla para ese devenido alfarero.
Hoy, ya no está.
A mi lado veo la flecha perdida que completa el arco.
La pianola calló su voz tartamuda.
Aferro la soga del arpón en mis manos
y me doy cuenta de que el corazón sin latidos
está escondido y llorando su destino sin remedio.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

miércoles, 7 de mayo de 2008

CARTA DE AMOR Y DESAMOR


Quise encabezar esta carta de una y mil formas, pero todas tenían algo que no me conformaba.
Por ejemplo, dirigirme a vos llamándote “Querido” traía a mí el sabor amargo que deja una derrota.
Garabatear tu nombre era sentir sobre la piel como cada letra se clavaba en ella y se convertía en un silicio
impiadoso.
Es entonces que opté por escribirte así, sencillamente y abriendo de par en par mi corazón.
Hoy: decido dejarte; no más preguntas a mi alma, no más dudas sobre si mi proceder es acertado o no.
Llegó por fin mi tiempo, ese que había perdido por seguirte como una geisha sumisa y expectante ante tu
más mínimo deseo.
Lo recobré así, de golpe, me dio de lleno en el cuerpo, la razón y la sangre.
Tan fuerte me golpeó que casi me voltea.
Tardé en recobrarme apenas segundos, mis ojos se abrieron a una nueva luz y todo tomó su verdadera
dimensión.
Ví las calles conocidas, asfaltadas a nuevo, como esperando mis pasos recorriéndolas sola o tal vez de la
mano de otro hombre, alguien al que yo le importe y quiera invadirme con su amor.
Al abrir la puerta de mi casa esta mañana, el sol me hizo un guiño cómplice, como diciendo “Aquí estoy”,
acercáte a mí y todo este calor es tuyo.
Vuelvo de la oficina, ya es de noche, de improviso veo sobre mi blusa la figura de una mariposa de luz, es mi
vieja amiga la luna; la que a pesar de su frialdad se prende con fuerza a mi pecho y me da la tibieza que
nunca me diste.
Ahí, en ese instante, todas mis horas pasadas o perdidas a tu lado (no sé bien cómo llamarlas), retornan
como flashes confirmando que sólo fui una soñadora aferrada a vos, sin alcanzar a percibir lo que flotaba
en el aire, esa doble vida tuya cerrada para mí y abierta para todos.
Me ví sola, abriendo las manos y dejando escapar de ellas una a una las cuentas de ese collar de perlas
negras que esperándote había enhebrado con los amaneceres y los ocasos no compartidos conmigo.
Otra, tal vez mejor que yo se había hecho dueña de todo lo que creí era mío, sueños y destino junto a vos.
Creí morir, cuando en uno de esos ratos chiquitos y mezquinos que pasabas cerca de mi, tu coraje asomó y
hablaste, pisoteaste y humillaste a la que hasta ese instante te había erigido con referente de su amor.
Entonces, ante “Tu Verdad” ¿para qué luchar?
Tratar de vencer ganando ese duro combate contra “ella” hubiera significado dejar sobre el campo de batalla
mi cuerpo desangrado y mi alma desnuda y desolada.
Cuerpo y alma sobre los que plantaste la bandera de otra casa y el escudo de otra dueña.
Ahora, más serena, estoy tratando de ser feliz, no tengo posesión alguna, todo lo mío lo perdí en tus manos;
pero te aseguro que rescaté un rincón de mi corazón, lo salvé de la hecatombe.
Cuando empezó a latir me gritó que estoy viva y respiro nuevamente. ¡Es realmente increíble!.
Te pido por favor que no me llames, ni pretendas como antes colarte por mi ventana para dejar un jazmín
sobre mi almohada, o pases frente a mi balcón silbando aquella melodía.
Que tus pasos no me sigan como perros de presa. Que hagas ese viaje que proyectamos tantas veces
para poner una distancia infinita entre nosotros.
No acuses a nadie de esto que nos pasa, si te mirás al espejo lo vas a descubrir.
Yo, prometo no esperarte y no llorar a gritos por este amor herido de muerte.
Solo así, muy despacio, volveré a ser una mujer, sin bastones ni muletas, una simple mujer que camine hacia
el encuentro de la vida recobrada.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 27 de abril de 2008

MANOS EN MILAGRO


El boliche está vacío, un mozo aburrido y cansino se acerca a mi mesa.
Después de un día agotador en la oficina, trato de tomar la última lágrima.
Hago mi pedido y sé de antemano que va a traérmela tibia, casi fría.
Tengo razón, el encargado la despacha indiferente fingiendo una sonrisa.
En el costado del platito coloca un sobre de celofán con el mini-alfajor de maicena.
Húmedo como siempre.
Bebo un sorbo y miro a mí alrededor.
Las paredes manchadas de tiempo apenas tapadas por cuadros de dudoso gusto.
Sillas vienesas ancladas al piso. Mesas marcadas por codos insolentes.
Un piso de mosaico negro gastado por infinitos pasos que llegaron y se fueron.
La veo abrazada a él, blanca y suave.
La subo a la mesa y con mis dedos voy intentando cambiarle sus formas.
La sobo, la marco, la moldeo. Ella acepta el manoseo.
Me canso de triturarla y socavarla.
Ahora, puedo entender cómo de una acción devastadora puede surgir algo maravilloso.
Separo mis manos en el comienzo de un aplauso para la obra terminada.
Con vos, pequeña criatura inanimada, fui capaz, con innumerables cortes de construir un puente blanco.
Pago mi lágrima y me voy del boliche.
Por la ventana veo al mozo leer en esa servilleta descartada, el nombre de mi hombre, de mi amor.
Esta vez, la magia del Origami, obró el milagro.

ALICIA CORA FERNÁNDEZ

domingo, 13 de abril de 2008

DEYAVU


Esa calle y los pasos marcados en barro y escarcha.
Dicen que estuve por ahí.
El dormitorio con las paredes húmedas.
Cuenta de un dueto de alientos
Un espejo, su luna azogada reflejándome
y la certeza de mi estar frente a él.

Escucho pasos acompañados en la calle.
Siento que me quema el fuego de otro aliento,
tal vez sea el tuyo buscando mi piel.
En el espejo, tu figura.
Cuerpo de chelo en celo, esperando por mí.
Pelo negro y ojos ventanas al paraíso.

Cierro los ojos musitando un ruego:
¡Por favor, que esto no sea un DEYAVU!

Repito escenas ya vividas.
Tus arpegios me envuelven en un Molto Vivace inevitable.
La lluvia en la ventana de tus ojos, moja mis manos,
Tal vez alcance para poder bañarme nuevamente
en el Mar Negro de tu pelo.