
Allí, cerca de la noche,
una araña bruja arma la trampa.
Sonríe burlona,
tiene la seguridad de la presa fácil.
La lluvia de lágrimas
caída a destiempo no coarta su labor.
Une gota a gota su saliva,
y vomita la red soñada.
Su balanceo, acompaña el ritual.
Finos hilos de baba y seda
descolgándose en forma inexorable
en busca del corazón sometido.
ALICIA CORA FERNÁNDEZ